El Proyecto Equilátero: un verdadero oasis de inclusión y respeto hacia los otros que somos nosotros.

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“El ejercicio de la crítica audiovisual en el ámbito universitario cubano como estrategia para promover la diversidad cultural. El Proyecto Equilátero: un verdadero oasis de inclusión y respeto hacia los otros que somos nosotros”.

 

 

 

Por: Rubens Riol

Estos son algunos fragmentos de la ponencia que tendré la oportunidad de socializar en el XXXIII Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) a celebrarse del 27 al 30 de mayo de 2015, en San Juan, Puerto Rico.

I Preámbulo

En Cuba ha existido desde los años ochenta del siglo pasado un movimiento visible y esmerado de cineclubes de creación y apreciación a lo largo y ancho de la Isla; auge que fuera impulsado de manera decisiva por la Federación Nacional de Cine Clubes creada en 1984, respaldada —a su vez— por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y otras instituciones, entre las que se destacaron el Ministerio de Educación Superior y las Casas de Cultura, “colocando a los cineclubes en un eje privilegiado dentro de las actividades culturales de amplia participación social”.

En la actualidad son menos los Centros Estudiantiles Universitarios que cuentan con iniciativas de esta naturaleza, mientras se pierde de vista el poder socializador del cine y su notable función didáctica. De ahí que una de las principales carencias a la hora de proponer este tipo de experiencias sea la falta de liderazgo e indisponibilidad de docentes especializados en materias de cine o audiovisuales en general, capaces de conducir un debate entorno a principios de la estética o el lenguaje cinematográfico, más allá de que todo filme pueda ser analizado desde múltiples perspectivas en dependencia de su eje argumental.

En este sentido se hace necesario añadir que el ejercicio de la crítica hoy se ha complejizado mucho debido a los avances tecnológicos que marcan la obsolescencia de lo estrictamente cinematográfico, concepto —desde hace tiempo— en expansión. Por otra parte, si buscamos un cineclub con una dirección responsable y especializada, que se ocupe de la diversidad cultural, intuimos que semejante especificidad, además de ser única en su tipo, deberá estar asociada a un profundo y sistemático trabajo de investigación, así como a una fuerte vocación y honestidad profesional.

II Coordenadas de un proyecto diverso

El proyecto Equilátero (Cine-debate por la diversidad cultural), es un suerte de cineclub que se realiza con una frecuencia mensual, el segundo lunes de cada mes durante el curso académico, siempre a las 5:30 pm, como parte del programa de extensión cultural del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Este es un espacio alternativo creado y conducido por mí desde hace dos años, en calidad de profesor de Historia del Arte y crítico de cine.

Dicho proyecto debe su nombre al concepto matemático que refiere la igualdad de los lados en una figura geométrica, mientras las cinco sílabas que componen el vocablo, representan —aunque sólo en una dimensión simbólica— los continentes que integran el planeta; lo cual resulta verdaderamente interesante, si descubrimos que la palabra incluye, además, todas las vocales.

Por tal motivo ha sido utilizado como logotipo del espacio, un rehilete o molinillo de viento, cuyas aspas imitan la apariencia del celuloide, al tiempo que nos ofrece la idea de movimiento, progreso y lucha por la equidad, gesto bien coherente con un espacio de cine-debate, orientado a la promoción de la diversidad cultural y al análisis de sus problemáticas más urgentes, vistas a través del pregnante y sui-géneris universo cinematográfico.

Bajo el slogan: “No existen los OTROS, sino NOSOTROS”, este evento pretende visibilizar la voz de las minorías a través del cine contemporáneo, enfatizando en productos del cine comunitario, indígena, femenino, de los afrodescendientes, LGTBIQ, en pos de legitimar la diferencia cultural como componente de nuestras respectivas identidades, en tanto conforman el patrimonio común de la humanidad.

Como objetivos fundamentales siempre he tenido en cuenta la idea de sensibilizar al público con las problemáticas asociadas a la diversidad cultural a partir de propuestas cinematográficas contemporáneas y fomentar el espíritu de polémica, encaminado a lograr una participación más activa y consciente, que contribuya a fortalecer los lazos de comprensión y tolerancia respecto a la diferencia cultural, cuyas expresiones particulares son también patrimonio de la humanidad. Lo cual resulta muy coherente con los intereses de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y de una carrera interesada en la gestión y preservación del patrimonio cultural.

El proyecto fue pensado desde sus inicios para un público heterogéneo, compuesto, sobre todo, por jóvenes de entre 18 y 35 años de edad, preferiblemente, estudiantes y profesores de carreras humanísticas y de ciencias sociales de la Universidad de La Habana, como: Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico Cultural, Historia del Arte, Periodismo, Comunicación Social, Psicología, Letras, Filosofía, Historia, Sociología, Derecho y los estudiantes de la Facultad de los Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA), así como los miembros de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la cual soy miembro;  pues en definitiva son estos sujetos los actores sociales que cuentan con la preparación, la sensibilidad y el interés suficiente para que Equilátero se convirtiera en una práctica provechosa, sin desestimar, desde luego, a los miembros de la comunidad, ávidos de espacios de aprendizaje donde pueden además compartir sus opiniones.

La identidad visual ha sido responsabilidad del ilustrador y diseñador gráfico Darwin Fornés, encargado de crear también los soportes promocionales tanto digitales como impresos; mientras el local para la proyección y discusión de las películas ha tenido dos ubicaciones: la mayor parte del tiempo desde su fundación en marzo de 2013, en el Salón de Conferencias Fernando Ortiz y, desde enero de 2015, en una de las salas de cine del edificio Santo Domingo, ubicado en el segundo piso de nuestra institución, con entrada por la calle San Ignacio, entre Obispo y O´Reilly, Habana Vieja.

Para garantizar la longevidad del proyecto, e incluso, diseñar su programación cinematográfica con la antelación requerida y satisfacer las normas de los canales de divulgación, resultó necesaria una fuente permanente, confiable y actualizada, que contribuyera con el préstamo o copia de materiales audiovisuales de interés y en buen estado técnico, preferiblemente, en formato DVD.

Dicha fuente, ha estado formada por un grupo de colaboradores o instituciones afines como: Oficina del Historiador de la Ciudad, Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, la Administración del edificio Santo Domingo, La Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO (La Habana), Muestra Joven, Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Oficina del Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solás, Muestra Itinerante de Cine del Caribe, Alianza Francesa de Cuba y Asociación Hermanos Saíz (AHS).

III Diversidad cultural: teoría y contexto

Desde el inicio valoré el tema de la diversidad cultural en su concepción más amplia –con toda la intencionalidad del mundo–, ya que me permitiría disponer siempre de algún material interesante y de este modo garantizar la longevidad del proyecto.

Teniendo en cuenta el poder del cine como agente socializador que desde la cultura construye realidades e imaginarios, este proyecto pretende sumarse a otros espacios de creación que han dotado de rostro y voz a las minorías, generalmente excluidas del seno de las distintas sociedades, es el caso en La Habana del Cine Club Diferente, que dirige el colega Frank Padrón; del Seminario “Puentes y más puentes: Latinos en USA”, el cual organizan de manera continua cada año el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y la Casa de las Américas; así como el concurso audiovisual “Las Cámaras de la Diversidad”, que patrocinan UNESCO-Habana y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

Considero que desde nuestra iniciativa también podemos impedir que nuestros derechos sean vulnerados, mientras el cine se erige como un medio para conocer y representar nuestras visiones del mundo, problemas e identidades.

No por azar el séptimo arte a nivel global proyecta con intensidad creciente, dificultades asociadas a la convivencia intercultural (fenómeno que alcanza tintes dramáticos en la actualidad), siendo uno de sus mayores conflictos, por ejemplo, la migración, acaso el gran tema del Siglo XXI, el cual ocupa un espacio importante en la agenda internacional, ante el peligro inminente que representa para las culturas originarias la imposición de expresiones culturales hegemónicas, cuya consecuencia más nefasta sería la pérdida de la identidad y la puesta en crisis de la diversidad cultural.

Numerosos festivales y eventos cinematográficos de distinta naturaleza, tanto en Europa como en América Latina y los Estados Unidos, han dirigido la mirada hacia este fenómeno, proponiendo análisis sobre diversos temas que integran su universo: situaciones de fronteras, inserción en las sociedades receptoras, relaciones con el país de origen, conflictos interculturales, a los que se suman prejuicios tan graves como la xenofobia y la discriminación en otro orden de cosas.

En Cuba, todo acto de segregación o violencia contra cualquier persona es condenable, injustificado e ilegal, incluyendo aquel que se sustenta en bases claramente discriminatorias por motivos de raza, color, sexo, orientación sexual, identidad de género, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o condición social o cualquier otro tipo de discriminación, lo cual atenta contra la diversidad cultural (patrimonio común de la humanidad), en tanto contribuye a la cohesión social, la vitalidad de la democracia y la identidad de los pueblos, componentes todos, esenciales para el desarrollo.

IV La pertinencia del debate, un camino sinuoso

En primera instancia debo aclarar que el Colegio San Gerónimo es una facultad de la Universidad de La Habana, la más joven, pues cuenta apenas con 8 años de fundada. Llamo la atención sobre esto porque al estar separada del campus central conocido como Alma Mater suele entenderse como una institución ajena y no es el caso, aunque desde el punto de vista administrativo formemos parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad. De ahí que el proyecto Equilátero encuentre acomodo dentro del programa extensionista del Colegio, al tiempo que constituye otra de las opciones culturales de La Habana Vieja. Por tal motivo, desde su inauguración en marzo de 2013, las ediciones correspondientes alternan con otras actividades orientadas al disfrute de la comunidad.

Cuando comencé a trabajar en San Gerónimo en 2009, después de haberme licenciado en Historia del Arte con algo parecido a una tesis sobre cine cubano, la Dra. Leonor Amaro (por aquel entonces Vicedecana docente), me sugirió, además de impartir docencia como profesor, ideara un proyecto audiovisual que funcionara como método de enseñanza alternativa, en tanto el programa de estudios de la carrera Gestión y Preservación del Patrimonio Histórico Cultural no contemplaba asignaturas de cine; de modo que a partir de esa iniciativa podía realizarme profesionalmente, llevando al mismo tiempo mis clases de arte y lo que durante un año fuera Rosebud (espacio de cine-debate).

Equilátero es un proyecto ambicioso y con un perfil más definido, que da continuidad a esa experiencia anterior; lógicamente, con la ventaja que supone el aprendizaje de haber enfrentado las opiniones más diversas durante el proceso de análisis y discusión de las películas. No obstante, lo que pudo parecer en algún momento consecuencia de un capricho estrictamente personal, demostró ser una vía efectiva para educar en valores. Yo estimo que el cine, el audiovisual y los programas multimedia, en general, constituyen una forma más atractiva de captar la atención de la gente sobre temas muy específicos, lo cual permite –de forma oblicua y menos panfletaria– conseguir el ansiado efecto educativo que mencioné antes.

Como es de suponer un proyecto sobre diversidad cultural no puede darse el lujo de ser excluyente en ningún sentido; por eso han estado representados en el espacio tanto materiales de ficción, documentales y dibujos animados, como cine de autor, independiente, experimental; lo mismo latinoamericano, asiático, europeo, africano o caribeño. Lo importante es la calidad de las ideas, la seriedad de los filmes y el rigor del debate.

V Los filmes, la programación

Desde la inauguración del espacio cada edición ha contado con la proyección inicial de un audiovisual de poca duración, ya fuera un spot publicitario, un video clip o un corto documental, siempre que contribuyeran a expandir las nociones referentes a la diversidad cultural desde cualquiera de sus aristas posibles.

En ese caso contamos con un grupo de materiales promocionales facilitados por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la UNESCO con sede en La Habana, consistente en videos ilustrativos de la convención que promueve la diversidad de las expresiones culturales, así como las compilaciones Miradas cruzadas, con obras sobre mujeres, lenguas originarias, y tradiciones; a la que se suma Cine indígena con particular interés por los ganadores del premio Cámaras de la Diversidad, y por último Cine Comunitario y Afrodescendiente.

Todos estos materiales antecedían siempre y sin debate obligado la presentación y proyección del filme de largometraje propuesto como actividad principal, que es analizado después por los cinedebatistas con mi arbitraje y supervisión, en aras de encontrar luego de los múltiples puntos de vista un consenso final.

Hasta la fecha el cineclub ha exhibido exactamente una veintena de filmes de distintas latitudes, desde ahí se observan ya las diferencias culturales propias de cada región, no solo por la cuestión del idioma, sino también las costumbres, idiosincrasia, filosofía de vida, contextos políticos y sociales, etc; lo cual enriquece mucho nuestra visión del otro cultural, distinto a nosotros. No por ello, escamoteable ni objeto de discriminación, sino todo lo contario. Ya que lo importante radica en el sentido de humanidad, factor común entre todas las personas.

Así discutimos filmes de procedencia tan heterogénea como Cuba, Estados Unidos, México, Guatemala, Colombia, Venezuela, Brasil, Chile, España, Francia, Irán y Vietnam. Con suerte y de manera accidental siempre llegó a nuestro espacio algún extranjero interesado en ver la película y esto era muy provechoso para el debate, pues ofrecía por lo general un punto de vista diferente, de modo que la diversidad estaba representada a todos los niveles, incluso, en el público participante.

Para referirme a los filmes exhibidos durante estos dos años me parece conveniente resumir, agrupándolos según afinidades argumentales y/o temáticas, para no hacer un ensayo exhaustivo desde el punto de vista del análisis cinematográfico.

Encabeza la lista un grupo de filmes integrado por ficciones y documentales que se acercan a la temática indígena desde distintos ángulos como la imposición de culturas hegemónicas europeas y grupos de poder local, harto excluyentes e invasivos, que ponen en peligro la estabilidad y sobrevida de comunidades originarias ocasionando masacres, al mismo tiempo que otros de sus derechos son mancillados por injustas y genocidas leyes migratorias, las cuales influyen en la deportación de personal indocumentado a sus países de origen de manera inhumana y arbitraria, como ocurre en También la lluvia (2010) de Icíar Bollaín, cinta con que fue inaugurado el proyecto; Abusados. La redada de Postville (2010) de Luis Argueta, La jaula de oro (2013) de Diego Quemada Diez y El regreso (2013) de Patricia Ortega, última película exhibida hasta ahora.

Por otro lado y en orden de importancia, hemos visibilizado el fenómeno de la migración y la convivencia intercultural, así como los conflictos de fronteras, el desarraigo identitario, contradicciones ideológicas entre distintas generaciones, el éxodo hacia los países del llamado primer mundo, y en consecuencia las distintos tipos de exclusiones y fobias por criterio de raza, idioma, status económico y legal, etc. Además de la tragedia que supone la separación de la familia y la muerte como premio a grandes sacrificios, ostensibles en Cous Cous, La gran cena (2008) de Abdellatif Kechiche; Welcome (2009) de Phillipe Lioret, Hija de Danang (2002) de Gai Dolgin y Vicente Franco, Lejanía (1985) de Rolando Díaz, Personal Belongings (2006) de Alejandro Brugués y Habana Blues (2005) de Benito Zambrano; estos últimos tres filmes, todos cubanos o sobre la realidad cubana, país donde la migración ha tenido siempre ribetes bien dramáticos.

Hay otros filmes entrañables que problematizan la temática de la mujer, su condición de subalternidad en sociedades machistas latinoamericanas, víctimas del maltrato y la violencia, por lo general ligadas a una vida marginal y de pobreza, trabajo forzoso y discriminación de raza, como es el caso de Chocó (2012) de Jhonny Hendrix, una película ejemplar que aborda las femineidades, el proceso de aprendizaje y asignación de los roles de género, o 12 años de esclavitud (2013) de Steve McQueen, que como su título indica aborda las atrocidades del sistema esclavista norteamericano al narrar la historia de un negro libre que fue privado de su libertad sin importar su condición de impunidad (esta fue la cinta proyectada en ocasión de celebrar el primer aniversario).

El otro rubro con mayor cantidad de filmes asociados es la diversidad sexual en distintas edades del ser humano, fenómeno al que aparecen unidas —al menos en estas cintas— limitaciones físicas como la debilidad visual o la hipoacusia, que devienen marcas intencionales para reflejar inquietudes desde la otredad de los sujetos y su relación con la sociedad. A propósito de estos filmes discutimos tópicos como la homosexualidad, la prostitución, el sexo transaccional masculino, el travestismo, la bisexualidad, haciendo particular énfasis en innumerables muestras de homofobia y discriminación. En esta línea se encuentran Habana muda (2011) de Erik Brach; Pelo malo (2014) de Mariana Rondón; Hoy quiero regresar solito (2014) de Daniel Ribeiro y Vestido de novia (2014) de Marilyn Solaya.

Por último, el grupo más pequeño reúne películas que presentan inquietudes respecto a los distintos procesos identitarios, los imaginarios populares, la memoria histórica, la incomunicación humana, la familia y la sociedad civil, la defensa de los valores culturales de la música regional, etc;  entre los que destacan películas como Nader y Simin. Una separación (2011) de Asghar Farhadi; La pared de las palabras de Fernando Pérez, La vaca de mármol (2013), Enrique Colina y Violeta se fue a los cielos (2011) de Andrés Wood. Todas excelentes propuestas para el análisis y la identificación.

VI Estrategias de visibilidad

Entre las acciones que he realizado para que el proyecto crezca y tenga mayor visibilidad y éxito, además de garantizar una programación atractiva de filmes recientes, polémicos, poco vistos, con una frecuencia mensual y sus respectivos debates, hace dos años inicié una campaña publicitaria, con la colaboración de Darwin Fornés y el respaldo económico del Colegio San Gerónimo, que consistió en distribuir soportes promocionales impresos con el logotipo, el slogan y la identidad visual del proyecto, entre los cuales había pulóveres de distintos colores (verdes, blancos, ocre), bolsas de lienzo, carpetas plásticas transparentes para guardar documentos, afiches serigráficos, papelería (sobres de manila, cartas, tarjetas de presentación), lo cual contribuyó desde el inicio a promover el espacio hasta el día de hoy y a crear un sentido de pertenencia entre el reducido grupo inicial de participantes que ha ido creciendo hasta convertirse en una familia diversa e inclusiva.

También decidí invitar actores y directores de cine a propósito de algún filme cubano, esta ha sido una estrategia que ha incorporado mucho más público a cada una de nuestras ediciones, pues es inobjetable el interés que suscita el debate de una cinta en presencia de su realizadores y protagonistas. Han sido invitados a nuestro espacio el productor francés Erick Brach, el prestigioso director cubano Fernando Pérez, el documentalista y eminente crítico de cine Enrique Colina, así como la realizadora Marilyn Solaya, y actores como Laura de la Uz, Luis Alberto García, Caleb Casas, Yailene Sierra, Susana Pous, Jazz Vilá, Kiriam y  especialistas de la talla de Julio César González Pagés, todo lo cual le ha dado mucho realce al cineclub y mayor afluencia de público. De ahí que el espacio haya ganado tanta popularidad en los últimos tiempos, algo raro si tenemos en cuenta que los cineclubes han sido históricamente círculos muy elitistas.

El proyecto cuenta con un espacio en la página web del Colegio San Gerónimo, (http://www.sangeronimo.ohc.cu/category/proyecto-equilatero/), lo cual facilita su divulgación vía internet, además del envío mensual de la invitación digital diseñada por Darwin Fornés a los medios de comunicación masiva, organismos culturales e interesados, a través del correo electrónico, así como la redacción de notas de prensa relacionadas con el proyecto, fotos de los debates y figuras invitadas, postales por el “Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo” que por cierto se celebró el pasado 21 de mayo, una semana antes de llegar a este congreso, y subir anuncios a las redes sociales como Facebook, todo lo cual hace que el proyecto exista al menos como una referencia en la mentalidad de la gente, y eso es ya una ganancia.

En febrero de este año, por ejemplo, decidí crear y otorgar el premio “Rehilete de cristal”, otra iniciativa para motivar a los realizadores y cineastas cubanos a seguir abordando temas de la diversidad cultural. El modesto trofeo confeccionado en la técnica del vitral por la artista independiente Irena Martínez Rodríguez, respeta la identidad visual de Equilátero. De ahí que la estatuilla recree la figura de un rehilete, pretendido símbolo de equidad, progreso y lucha constante por la justicia social; así como discretas alusiones al celuloide (soporte casi en extinción), pero que nos remite siempre —aunque con fuerza nostálgica— al universo del cine.

Entre los materiales evaluados como candidatos para obtener dicho reconocimiento estuvieron los documentales Reembarque de Gloria Rolando, Canción de Barrio de Alejandro Ramírez y Máscaras de Lázaro G. González, el videoclip Para mestizar de Eme Alfonso, dirigido por Joseph Ross; y los largometrajes de ficción La pared de las palabras de Fernando Pérez y Fátima o el parque de la fraternidad de Jorge Perugorría (títulos que serán programados en el espacio durante los próximos meses).

La cinta ganadora fue Vestido de novia de Marilyn Solaya por su notable aporte a la discusión de temas relacionados con la diversidad cultural. Esta vez no existió convocatoria alguna, solo estuve al tanto de todos los audiovisuales cubanos estrenados en 2014 que hubieran tratado el tema para condecorar al más polémico, haciendo visible a su vez, temas poco tratados.

También ha sido decisiva mi participación en talleres, coloquios y eventos tanto en la capital como en el interior y fuera del país para socializar los resultados del proyecto, como fue el caso de un panel organizado por la AHS en ocasión del III Encuentro de Crítica e Investigación Joven “Pensamos Cuba”, el “Taller de la Crítica” de Santa Clara en octubre de 2013 donde defendí “La polémica encendida: el ejercicio de la crítica audiovisual en el ámbito universitario”, basado en la experiencia de Rosebud y Equilátero, respectivamente; así como la mesa teórica: “La crítica como mecanismo de promoción al cine alternativo” junto al colega Frank Padrón y la experiencia de su cineclub “Diferente” en el Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solás de Gibara, en Holguín.  La experiencia en los debates además de mis colaboraciones con revistas especializadas me valió también la posibilidad de ser uno de los 6 jóvenes críticos de cine de México, Centroamérica y el Caribe seleccionados para participar en el Talent Press del Festival Internacional de Cine de Guadalajara en México, en marzo de 2014, sin contar esta misma ponencia —la más importante que haya defendido hasta el momento, justo en la coyuntura del segundo aniversario del proyecto—, aquí en el XXXIII Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) que se celebra hoy en San Juan, Puerto Rico, donde tengo la oportunidad de compartir con la comunidad académica de la región esta breve disertación dentro del panel titulado: “Diversidad cultural en el espacio audiovisual cubano: prácticas, emergencias y desafíos”, que para orgullo y mayor coherencia del grupo constituye también un panel diverso, abarcador y polémico.

VII Impacto mediático

Yo me he encargado personalmente de divulgar el proyecto para que mayor cantidad de personas cada vez tengan noticias al respecto y se sumen al espacio como simples asistentes o activistas en dependencia de su nivel de compromiso y sensibilidad con estos temas. Así, otros colegas periodistas que han encontrado valores en esta iniciativa han publicado reseñas en medios digitales para dejar constancia del evento o para convidar a otros públicos a los cuales nunca he tenido acceso. Es por eso que ya el proyecto cuenta con una modesta pero significativa fortuna crítica, es el caso de “Triángulo cinematográfico para la diversidad cultural” publicado por Marta María Pérez en el sitio web de IPS, Cuba. (…)

De esta manera los esfuerzos de un grupo reducido de cineclubistas encuentran eco en la prensa digital, todo lo cual ayuda a su legitimación. El entusiasmo fue compartido por otros especialistas como Aylín Martín Pastrana del portal Cubacine del ICAIC, quien me hiciera una larga entrevista días antes de la inauguración “En el proyecto Equilátero no existen los otros, sino nosotros”, cuando todavía no contábamos con un local fijo para los debates. Muchas de las declaraciones que hice integran el cuerpo de este texto. Mientras, Marianela González colocaba en la revista online Cuba Contemporánea su comentario: “Equilátero, cine debate por la diversidad en Cuba”.

Algunos espacios culturales alternativos se conocen por correo electrónico o a través de aburridas carteleras, pero a otros se llega por empatía, “porque un amigo fue y me contó, porque lo vi en Facebook, porque se han hecho camisetas y han salido a la calle”. Porque se han hecho notar.

Es el caso de Equilátero. Un proyecto bajo el auspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la institución insigne de la gestión cultural en Cuba, pero que luce como una guerrilla. Un aula universitaria donde el televisor y el video no transmiten monótonas “tele-clases”, sino películas de cualquier nacionalidad. Donde se va a hablar de ciudadanía y de sociedad civil sin que a nadie se le pongan los pelos de punta.

No solo en la red de redes ha sido anunciado el evento, sino también en emisoras como Habana Radio, la cual ha grabado 2 entrevistas dirigidas a mí y la primera de ellas con testimonio de algunos de los participantes, incluso, hubo dos invitaciones recientes para hablar del tema en La Hora de Cuba, un programa de Cubavisión Internacional dedicado al cine latinoamericano, el sonsumo audiovisual, la función social y cultural de la crítica, respectivamente, que pudo verse en 56 países, de modo que Equilátero ya es noticia en todas partes. No obstante, siguen circulando en internet notas, comentarios, reseñas y fotos de las ediciones de este año, las cuales han contado con prestigiosos invitados llamando así la atención de la prensa y de miembros de la comunidad, que se enteran por la difusión que brindan estos medios.

VIII Las fuentes y el autoestudio

Varias de las instituciones que colaboran con el proyecto no solo han donado filmes sino también literatura especializada en temas de cine, a la cual se suman otros textos que yo mismo he podido acopiar, ya sea mediante su compra en librerías locales o en formato PDF, descargados de internet.

Todo esto me ha servido de referencia para profundizar en los temas de la diversidad cultural entendida desde el propio cine, al tiempo que constituye mi única base de información actualizada, aunque habría sido muy útil participar de algún posgrado o beca de estudio o curso de capacitación, todo ha dependido fundamentalmente del interés en mi crecimiento y superación personal.

De este modo he ido acumulando un grupo de textos que son de gran ayuda para los estudiantes y profesores universitarios que se interesan por la diversidad cultural, de ahí que en un futuro no muy lejano el proyecto Equilátero, que es apenas un cineclub, podría convertirse por qué no en un lugar de consultas, en una suerte de cátedra especializada, otra manera de alentar a la gente a acercarse a este universo.

Entre los títulos que conservo para provecho propio y también de los demás se encuentran, por ejemplo, La descolonización de la mirada. Una introducción a la antropología visual y Teoría transcultural de las artes visuales, ambos de la autoría de Adolfo Colombres, publicados recientemente por Ediciones ICAIC; La belleza de los otros. Arte indígena del Paraguay editado por el Fondo Editorial Casa de las Américas; una compilación de Luis Rafael bajo el título: Identidad y descolonización cultural. Antología del ensayo cubano moderno de la Colección Diálogo (Editorial Oriente).

De Frank Padrón, dos títulos muy interesantes y provechosos El cóndor pasa. Hacia una teoría del cine “nuestramericano” y Diferente. Cine y diversidad sexual, a los que se suman Explorando el cine caribeño de Alberto Notario y Bruce Paddington y Esclavos en la pantalla. Filme y visión histórica de Natalie Zemon Davis.

IX Desafíos

¿Ha generado Equilátero una participación más activa y consciente, en el fortalecimiento de los lazos de comprensión y tolerancia respecto a la diferencia cultural? ¿Es posible educar un público emergente y formar valores en las universidades cubanas, a partir de experiencias donde el audiovisual constituya el medio para la socialización de problemáticas afines?

Para sostener un cineclub de esta naturaleza debe existir una gran dedicación, a pesar de tener una frecuencia mensual, pues el simple hecho de buscar nuevas formas para atraer público ya constituye un ejercicio que demanda bastante creatividad, relaciones públicas, perseverancia e investigación. Pero en ocasiones los propósitos generales del espacio se ven en riesgo, pues hay que recurrir al cine mainstream obviando aquellos productos de cine indígena y comunitario, que mucha gente no está interesada en consumir, sobre todo, en una época de “crisis de las audiencias”, de poca asistencia a las salas de cine, y eso que en Cuba la informatización y la conectividad no tienen todavía un alto nivel de desarrollo, pero los individuos persisten en ver audiovisuales en su casa, mediante pantallas de TV o el monitor de Laptops, Tablets, I-Phones, Smart Phones, etc.

Otro gran problema es la fuerte competencia que constituyen la Televisión Cubana, el circuito de estreno de filmes del Proyecto 23 en la capital, las redes de distribución alternativa como el conocido fenómeno cubano “el paquete de la semana”, y las suculentas series extrajeras de todo tipo, así como el rabioso trasiego de películas vía USB.

La salvación o la diferencia radica en que Equilátero brinda la oportunidad de socializar nuestros puntos de vista, esclarecer ideas que a veces no resultan del todo legibles, hacer catarsis y salir estremecidos con la convicción de que podemos convertirnos en mejores seres humanos, porque como reza el slogan de nuestro proyecto, llegamos a entender que “no existen los otros, sino nos(otros)”, y eso es más difícil lograrlo en solitario.

Algunas fotos adicionales de entrevistas recientes para “La Hora de Cuba”, programa de Cubavisión Internacional que se transmite en 56 países del mundo y donde he podido hablar sobre el proyecto Equilátero, mis funciones como profesor en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, y otros temas como cine latinoamericano, consumo audiovisual o la función social y cultural de la crítica.

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