Elogio de Daniel
El pasado 22 de febrero le fue otorgado al Doctor Arquitecto, Daniel Taboada Espiniella, el Premio Nacional de Patrimonio Cultural 2015 por la Obra de la Vida, galardón concedido por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de Cuba. A continuación se presenta un fragmento de las palabras que el Dr. Félix Julio Alfonso López, en representación del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, pronunciara en aquella ocasión, en la que elogiara la labor del titular de la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula y Premio Nacional de Arquitectura.
Foto: Alexis Rodríguez
El Libro de Daniel es el sexto de los libros proféticos del Antiguo Testamento y Daniel se incluye entre los Profetas Mayores, de los cuales es el cuarto, luego de Isaías, Jeremías y Ezequiel. Se dice que es un texto arduo de descifrar, por su tono apocalíptico, en el que Dios muestra cómo otorga la sabiduría a Daniel. Sin embargo, ya sabíamos por el libro de Ezequiel, que Daniel era un hombre de particular sapiencia y gran rectitud.
Poco se conoce de este personaje bíblico y no es de él de quien quiero hablarles, sino de otro, de nuestro Daniel, también un hombre sabio y recto, un profeta de la restauración y un apóstol del patrimonio. Se apellida Taboada y nadie en Cuba que trabaje temas de restauración de monumentos, rehabilitación de edificios históricos, arquitectura vernácula, arqueología histórica, arquitectura y contextos culturales, rehabilitación, conservación y restauración del patrimonio construido expresado en azulejos y portadas, catedrales y cafetales, haciendas y paisajes, plazas y conventos, lujosos palacios y humildísimos bohíos, y tantos otros aspectos de la salvaguarda del patrimonio, puede permitirse el lujo de ignorar su obra.
Porque Daniel Taboada Espiniella, ahora si digo su nombre completo, es una de esas personas que suelen llamarse clásicos vivos, es decir, estamos en presencia de una criatura excepcional. Yo, que no tuve la suerte de estrechar la mano de Joaquín Weiss ni de Francisco Prats, me felicito de ser un contemporáneo de Daniel Taboada y de poder no solo estrechar su mano, lo cual ya es bastante, sino de aprender de él constantemente, porque cada conversación con Daniel es una cátedra de erudición y conciencia, de sensibilidad y humanismo, de cortesía y fineza.
Daniel es un hombre cultísimo, como todos sabemos, un arquitecto ilustrado con figura de caballero andante del renacimiento italiano o del barroco español, que conoce numerosos temas, y de todos puede hablar con la galanura y naturalidad de los verdaderos maestros. Y aquí apunto otras de las cualidades de Daniel que más me atraen, y son su sencillez y don de gentes. Es proverbial su humildad y generosidad, y también su simpatía y su facilidad para dejarse querer, poniendo de este modo su grandeza por encima de cualquier vanidad o ridícula lisonja.
Otras de sus muchas virtudes son la perseverancia y la paciencia, como ha quedado demostrado durante años en las jornadas de arquitectura vernácula que él ha organizado, con gran acierto y notable acogida en la comunidad científica de todos los que trabajan con esa tipología tan frágil, útil y hermosa de nuestro patrimonio.
Ya quiero terminar, porque creo haber expresado lo más importante que tenía que decirle a Daniel, además de agradecerle mucho porque me haya pedido que dijera unas palabras en este acto, que tanto se merece. Solo le pido que, en gesto de reconocimiento y reciprocidad nuestra hacia usted, y entre tantos premios, homenajes y méritos que ha alcanzado en su ya larga vida, acepte la medalla con el escudo del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, que se honra con su condición de profesor distinguido y amigo leal.
Félix Julio Alfonso López
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